Con el objetivo de acercar nuestras redes Universitarias a la escuela libre Luchin, es que publicamos un trabajo realizado por Pablo Zaldivar Vásquez, estudiante de Licenciatura en historia de la Universidad de Chile, quien amablemente nos facilitó este gran escrito que relaciona el concepto de Marx (la enajenación) con la realidad educacional en Chile.
La mercantilización del Conocimiento
Una aproximación al “Trabajo enajenado” dentro del Sistema educacional chileno.

Al igual que el dinero y la mercancía, el conocimiento no es de por sí capital, necesitan “convertirse en capital. Y para ello, han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo, deseosos de valorizar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo” […] de lo anterior podemos extraer varios puntos de suma importancia.
En primer lugar, comprender que la educación formal, el acto de educar y el conocimiento –generado en estos espacios-, han vivido un proceso histórico de mercantilización, de capitalización, en tanto ha sido “el régimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo” . Es decir, que el educar sea funcional a la lógica del mercado capitalista no es algo natural, sino que esta situación es producto de un proceso histórico de expropiación y privatización, disociando al productor –todo ser humano pensante- de los medios de producción –la actividad educativa-, generando así una lógica de dominación entre quienes controlan ese acto, y quienes somos parte de él.
¿Por qué debemos aprender A o B? ¿Por qué debemos memorizar contenidos sin un cuestionamiento sobre su utilidad, legitimidad y veracidad? ¿Por qué alguien nos debe evaluar arbitrariamente la forma de cómo aprehendemos la realidad? ¿Qué realidad es la que estoy aprehendiendo a través del proceso educativo? El que estas preguntas tengan como respuesta un “no sé”, tiene relación con lo que antes explicaba; el educar, el aprender el mundo, el leer la realidad, la construcción y aplicación de un conocimiento, hace mucho tiempo dejo de estar al servicio de nuestra humanización y de nuestra formación como sujetos constructores de realidad.
En segundo lugar, y en estricta relación con lo que mencionaba más arriba, la capitalización del sistema educativo, en manos de unos pocos, conlleva a la dominación a través del conocimiento. Esto, ya que son algunos quienes legitiman cierto tipo de aprendizajes, formas de aplicarlos y de transmitirlos, por lo tanto, son algunos quienes legitiman y dan la pauta de cómo construir y aprehender la realidad; construcción que cada vez más tiende a la reproducción de lo existente y la invisibilización de un otro posible.
Y en tercer lugar, al existir un grupo que domina y controla los medios productivos –educativos para este caso-, existe otro grupo que se ve forzado a vender su fuerza de trabajo, es decir, vender su capacidad de crear conocimiento a la institucionalidad educativa en tanto es sólo en ese espacio donde el “educar”, el “aprender” está legitimado y cobra utilidad. Esta situación es sumamente interesante ya que, por un lado, da cuenta de que el capitalismo se ha configurado no sólo como un sistema económico, sino que también como un sistema social, político, valórico y filosófico. Porque claro, desde que nacemos, reproduciendo el sistema, el sistema nos fuerza a vendernos al sistema educativo formal e institucional. Primero pre-escolar, para luego pasar a la enseñanza escolar, luego entrar a la educación superior, y finalmente salir calificado al mercado laboral. En síntesis, nuestro paso por el sistema educacional no tiene otro fin sino que prepararnos para dar el paso siguiente en la estructura normalizada del sistema capitalista. Es esa la libertad del capitalismo, camuflada, falsa, carente de profundidad, es la que nos hace creer que somos libres de elegir […]
Considerando todo lo anterior, es que podemos comprender entonces porque la actividad educativa, la relación del alumno con el conocimiento, con el aprendizaje, es un trabajo enajenado.
En primero lugar, siguiendo la lógica de Marx, el objeto que el trabajo produce, es decir el conocimiento, queda reducido a una mercancía en tanto su valorización no está dada por quien lo produce, sino por quien lo imparte, por quien controla la producción de tal y por el mercado en el cual ese producto adquiere valor. En el mismo sentido, ese producto deja de pertenecerle al productor ya que al no ser él quien controla los medios de producción –contenidos, metodologías, espacios, tiempo- su relación con el producto resulta ajena y disfuncional a su necesidad vital y genérica ya que no responde a sus inquietudes, sino a las necesidades que el sistema ha creado para él. “Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo”
En segundo lugar, el trabajo mismo también se transforma en algo extraño para él educando. Ya que mientras más re-produce el conocimiento impartido, más se ve sometido a la dominación de su producto […]
Y en tercer lugar, hay que considerar la enajenación del aprendizaje en tanto trabajo vital del hombre. El aprender algo, el poner en práctica un conocimiento adquirido, cobra sentido genérico para el hombre en la medida que le permite transformar su mundo objetivo, le permite satisfacer sus necesidades, construir su realidad; el hombre “precisamente porque es un ser consciente, hace de su actividad vital, de su esencia, simplemente un medio para su existencia” . El objeto que tiene el conocimiento en tanto trabajo vital es entonces “la objetivación de la vida genérica del hombre” . Sin embargo, el sistema educacional invierte esta situación, ya que le arrebata al hombre el objeto de su producción, el aprendizaje y el conocimiento no son funcionales a la reproducción de su vida genérica ni tampoco a la transformación de su mundo objetivo. Todo lo contrario, el aprendizaje y la re-producción de conocimiento que se vive en el sistema educacional sólo nos hace más dependientes del sistema, más funcionales a sus lógicas y desnaturaliza nuestra capacidad crítica de enfrentarnos a la realidad para hacerla propia.
Frente al problema educativo, los estudiantes salimos a las calles exigiendo al Estado y a la clase política una educación gratuita, de calidad y financiada por el poder. ¿No es acaso una contradicción exigirles una solución liberadora a los mismos que nos quieren oprimir? ¿Por qué pedirles a otros que hagan nuestra tarea?
La educación, según mi parecer, no es, ni debe ser un proceso de traspaso de conocimientos de alguien que sabe más a alguien que sabe menos, no es una imposición de una verdad porque no existe la verdad objetiva. Todo quien tenga esa pretensión, lo que está haciendo de una y otra manera es intentar dominarnos, está buscando que seamos como él, que seamos para él […]
El conocimiento solo es legítimo cuando es construido por nosotros al servicio de nuestros intereses colectivos e individuales. Es por eso que creo. que si bien es legitimo luchar por las demandas que como estudiantes hemos levantado, no podemos solo quedarnos pensando en exigir la solución a otros. No podemos pensar en la educación solo cuando hay movilizaciones y sólo entre nosotros como estudiantes.
Todos debemos pensar en torno al cómo construir conocimiento, a cómo hacer de la vida un espacio/tiempo para aprender entre nosotros, desde nosotros y para nosotros, aprender del otro, aprender a otros, aprender a enseñar y enseñar a aprender […]